13 de agosto de 2022, CABA.
Esta historia arranca en 2008, precisamente en Avellaneda. Una banda que hacía covers de Zeppelin,
Flema y Viejas Locas, decide cambiar su identidad y recorrer el espectro de lo
pesado. Componen una canción, Elektra, sin saber lo que representaría
más adelante. Quizá este sea el origen de 21 Gramos, banda sureña de
hard rock alternativo. ¿Por qué arrancamos tan nostálgicos?, “simple”: esta es
la cobertura de su paso en el Teatro Flores, donde demostraron que los
hizo uno de los grupos más importantes de la escena.
Nehuén Tronconi en la voz, Luca Landaburu en
el bajo, Gabriel Zapata en la guitarra, Miguel Cucurullo en la
batería. La formación consolidada en 2011, tuvo un largo camino hasta llegar
aquí. Llenaron Club V, varios Roxy, pasaron por Zadar, Pura Vida, Mutar, El
Amparo, los Festipunkie… Más de una década de historia, encontró su punto más
alto en el recinto de Rivadavia. Invitados por Against, luego de la
presentación de Más Fuertes, Ranterío y antes de Nvlo¸ el
telón se abría a las 20:00…
Revelando a Luca, Gabriel y Miguel, quienes estaban en
posición, sale el vocalista desde las sombras, portando su clásico altoparlante. Anunciándose
con una oscura introducción, había que liberar al espíritu del Chacal.
Con el placer escondido, el violero va como cazador por su presa cuando muestra
sus skills al Teatro. Tronconi pasó de recorrer el escenario agitando la
cabeza, a romper tu cielo de espuma con sus famosos pasos de baile.
El presagio de algo fuerte y gris asomó en el escenario,
cuando sonaron los acordes de Escamas. El uso de los graves de Landaburu
potenció la atmosfera. Que manera de reventar todo cuando el megáfono se hizo
presente, haciendo resonar su mensaje etéreo, antes de poner el grito en el
cielo. Zapata se posiciona frente a Cucurullo y arranca a riffear, al momento del
paseo mortal del vocalista por todo el stage.
Fue en Jano, cuando Nehuén trascendió la puerta que separa al escenario del público, que sigue a 21 desde hace más de una década. Finalmente, pueden alcanzar el fuego, de ver a los de Avellaneda en su mejor momento hasta la fecha. El intercambio de energías se traduce en una gran performance de los músicos. La combinación entre la guitarra y la batería, los coros de Luca, el épico final con el alto parlante al público…
“Galera y va” se convirtió en una actitud cuando se
tiño de verde el Teatro. El bajo pareció poseer a Landaburu, quien conectó con Zapata
y posando juntos, coparon el frente del stage, manifestando crípticos sonidos,
mientras Tronconi caminaba y gesticulaba, relatando este tango alternativo.
También fuimos testigos del carácter progresivo de Cucurullo y aquella
profesional manera de aumentar la intensidad.
Cómo le dijo Nehuén a Luca mientras lo abrazaba: “Guardá ese
Pisco que ahí viene el malón, y andá a saber.” Miguel quiebra el frío, como
el batero picante que es. Vimos muchos puños en el aire al grito de “¡Ey!,
¡Ey!, ¿Por qué venís sin volver?, ¡Ey!”, haciéndole saber a la banda que
estaban en sincronía con ellos.
Reventar todo como una Supernova, eso fue lo que hicieron,
en un despliegue fenomenal de coordinación y performance. Todo el que fue
testigo de los tremendos solos de Zapata y como estos contagiaron a sus
compañeros, inspirados a tocar con más potencia que nunca, difícilmente sea el
mismo de ayer. Todo terminaría con el vocalista agitando los brazos en el aire
y el furioso grito de las masas: “¡Y vamos ventiunooo, y vamos ventiunooo!”
En medio de esta Varieté de emociones, los adelantos de
lo próximo, quedaron para el final. Simple es una canción tan demoledora
y enérgica que terminó cebando a todo Flores. Con las palmas de un recinto lleno,
Nehuén bajó a la valla y siguió: “No es para mí, es para vos”, mientras
señalaba al público. Gabriel y Luca bailaban sin parar, salvo para meter el agresivo
doble coro. Las casacas negras agitaban por 21 Gramos. Miguel le daba al bombo
y seguían gritando. Los de Avellaneda le agradecen al publico por ese momento
inolvidable, que ya estaba por terminar.
En la jungla de cemento, se escuchó el grito de las masas: ¡Vienen,
Vamos!, ¡Vienen, Vamos!, donde con un total despliegue de actitud y talento
musical, tocando bien al palo, dejaron un recuerdo imborrable en la memoria de
todxs lxs presentes. Las poses de los músicos con cuerdas, mostrándose en la
primera línea mientras el cantante bailaba frente a la bata. La agresividad con
la que cerró Cucurullo. Todos los elementos convergieron para hacer de esa
noche, inolvidable.
Desde sus primeros pasos por zona sur, el lanzamiento de Universos
Paralelos en 2014, los pasos por Zadar, El Amparo, Mutar, Casa Colombo, entre
varios recintos emblemáticos, la llegada de Fiesta y Siniestra en 2018 y
aquel Pisco que le convidaron a un Roxy lleno. Supieron enfrentar las
dificultades cuando surgieron y hubo recompensa. 21 Gramos se consagró
hace tiempo, como una de las potencias del rock pesado alternativo y desde
aquel 13 de agosto de 2022, existe una página escrita con sus nombres, en la
historia de la música.










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