9/2/2023 – 20:08 – Parque Centenario, CABA
La larga cola de personas corría rápido sobre la hora, era
una noche especial. Llegué y en dos minutos estaba adentro. Bajabas las
escaleras y observabas un Anfi colmado de personas. El culto a Winona Riders crece cada vez más en nuestro ambiente y las razones son varias. En
este texto, voy a analizar algunas de ellas. El fenómeno experimental requiere ser
analizado desde varios ejes.
Podías sentir cada vibración
sonora de “Antes de que el Diablo llegue a casa” con la frescura que le otorgan la percusión
hindú, el sintetizador y las tres guitarras uniéndose en progresión. Una de
ellas, precisamente la acústica, era la de Agustina “Aggi” Feller, de Candy
Kane. Las palmas empezaron a recorrer todo el parque, hasta que llegaron al
punto alto. En ese momento los más fieles adeptos corrieron hacia el espacio
libre entre gradas y banda. Un ritual había comenzado…
También había dos baterías en la orquesta de los Riders, lo
que nos detiene en el primer punto: ¿Cómo se logra tanta prolijidad
instrumental con todos estos elementos?, nos deberíamos remitir al carácter
experimental de la formación. Podría decirse que se basan en el
perfeccionamiento constante de sus habilidades, a través de varios desafíos que los potencian en cada escenario que pisan. Si se observan y
comparan los registros de recitales previos como los de Vivo Buenos Aires
y VHSNotDead o los videos de Ramiro y Medio, podrán comprender mejor.
“¡Dale Winona!” se escuchaba de muchas bocas, el
ambiente se picó cuando arrancó “Bailando al compás de las armas enemigas”.
Las masas se balanceaban de un lado al otro en un anfiteatro que no paraba de
llenarse. Cada acorde en las violas estaba hecho a medida para el agite. Ni
hablar del doble coro en el estribillo. La gente aplaudía al ritmo del bajo
mientras cantaban al unísono “Hoy…es nuestro gran final…” antes de
hundirse en un frenesí de headbanging.
¿Qué estaba sucediendo ante mis ojos?, Una coreografía
coordinada en la que ambas partes se entregan al sonido en cuerpo y alma. Gente
dejándose llevar por cada experimento de la orquesta del oeste. Todos siendo
uno con la música. El mencionado perfeccionamiento es percibido y recibido por
la audiencia, lo que nos remite al segundo punto clave: la conexión
progresiva con el público. Un enmascarado trascendió por breves segundos el
límite entre banda y gente. No será la última vez que lo vemos.
La creación de atmosferas y la manifestación de sus
habilidades no conoce de barreras o encasillamientos. Las influencias de WR son
variadas y pueden viajar a través de varios estilos en una sola canción. Ni
hablar de la notable forma que tuvieron de conectar todo entre sí. Sus temas no
tienen una duración determinada, más bien, dependen del contexto en el que se
encuentren y los instrumentos que tengan disponibles.
El género musical es difícil de determinar en este punto,
algo parecido a lo que sucedía con Rush o Floyd cuando recién arrancaban. "Revolver" fue otro ejemplo de lo dicho. El
contenido es tan variable que cualquier clase de encasillamiento, limitaría
cualquier definición posible. No se puede hablar de “noise” o “rock progresivo”
o “sludge” o “grunge”, no, es todo sucediendo al mismo tiempo. Cada músicx presente
en el escenario aportaba su propia influencia y se fusionaban en beneficio del
viaje. ¿Qué podría intentar responder el interrogante?
La corriente británica, al igual que la
psicodelia stoner moderna, son elementos notables en el repertorio, desde los gigantes experimentales de los 70 hasta la
escuela reciente de los 2000. La esencia de Melvins amalgamándose con Brian
Jonestown Massacre y Oasis. Jefferson Airplane compartiendo ácido con Sonic Youth en una vereda del oeste. Es increíble ser contemporáneos a una
banda con tantas posibilidades… Ninguna aproximación está a la altura de esto.
La transición hacia el gran final vino a través de los
bombos y la percusión, acompañadas por la euforia colectiva. Una pequeña parte
del riff fue suficiente para que se agiten las masas. “Se viene, se viene”
decía el murmullo de la gente. Una ronda gigante se abrió y “Dopamina”
explotó en el Parque. El enmascarado se subió y corrió de punta a punta. “¿Qué
les enseñó Winona?, ¡Hagan pogo!” fue su grito de guerra. El culto al
aguante en su máximo esplendor, la gente reunida en otra misa de los Riders,
esta vez, con Underdogs presente.
Hay pocas bandas que logran vincularse de esta manera con la
música que hacen. Me remito a fuentes como el volumen 10 de la Interzine,
los videos de recitales en Youtube y los múltiples testimonios
disponibles en las redes, cuando me refiero a Winona Riders como algo que
trasciende la barrera artística, transformándose en un hecho social, único y
capaz de lograr un cambio de paradigma, una revolución cultural. Es un fenómeno
que necesita más que una sola experiencia de campo para analizar en
profundidad, pero ya comienzo a comprender en donde radica su impacto: el
enlace con su entorno.
Esta conexión con sus instrumentos y con su gente, los
motiva a desafiarse y parte de lo que genera manija, es el hecho de ver con que
atrevimiento salen en la próxima fecha. ¿Qué locura van a hacer esta vez?, a
eso vamos. No hay estructuras o barreras acá, fluyen con sus propias creaciones
y eso impresiona a cualquiera que los escuche o vaya a ver, logran cebar al
público de tal manera que siempre vas a ver gente extasiada, pogueando al
compás de las armas enemigas.
Quien quiera vivir la experiencia por si mismx, tiene varias
oportunidades para hacerlo. El lunes 20/2 en Camping con Los Riel y Re
Signados y el 4/3 en el festival gratuito Neo Muerte, donde estarán
junto a varias bandas de la escena como Socorro, Playa Nudista, Ryan,
Paranoia, Sakatumba y muchxs más.
Una pequeña aproximación a lo que es Winona Riders, podría resumirse de la siguiente manera: es la banda que se revoluciona constantemente a si misma y a su audiencia, una de las expresiones vanguardistas que el underground necesitaba. Gran parte de musicxs, medios y gente del under estuvo reunida ahí, demostrando que este fenómeno trasciende barreras y estilos, logrando unir a la comunidad alternativa mientras rompen cualquier frontera musical.
Es increíble lo que se manifiesta cuando existe un grupo capaz de darlo todo, siempre.
Agradecimientos:
A ustedes y su paciencia, quienes se quedaron manija de una editorial canina desde el día que la gorra nos interrumpió el festival de Arkonte.
Por supuesto, a lxs colegas como Vivo Buenos Aires, VHSNotDead, Ramiro, A. Feller, la Ganga Records y la ejemplar revista Interzine, cuyos laburos ayudaron a profundizar en la investigación.
Y a todo Winona, por su predispocición a la hora de ayudarme a conseguir entrada el mismo día, por sonar seguido en mis auriculares (en especial en turbulentas épocas de parciales) y también, por inspirar de la manera en la que lo hacen. ¿Se imaginan un Dogcumental sobre ellos?, si te gusta la idea, ¡No dudes en compartir la editorial con tus amigxs!


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